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Vitivinicultura en la región de Cuyo

La República Argentina, posee una extensa superficie territorial de 2.766.889 Km2 y un relieve muy variado. Tiene como límite occidental la Cordillera de los Andes, que en Argentina alcanza las mayores altitudes del continente. El Cerro Aconcagua, ubicado en la provincia de Mendoza, es el pico más alto de América (6959m).

La amplia zona dedicada a la vitivinicultura, constituye una extensa franja con pendiente variable, ubicada al oeste del país, al pie del macizo andino, desde los 22º de latitud sur, hasta aproximadamente los 40º de latitud sur, abarcando toda la zona templada.

Esta gran amplitud en latitud norte-sur, combinada con la topografía de los numerosos valles andinos incluidos en ella, condicionan grandes variaciones ecológicas que posibilitan la clasificación de regiones vitícolas bien demarcadas.

Esta diversidad de condiciones climáticas, permite el cultivo en cada región de las variedades que resultan más adecuadas, por sus exigencias y características, desde el punto de vista climático y enológico.

Entre ellas se destaca la Región de Cuyo donde, las altitudes son variables entre los 500 y los 1.500 metros sobre el nivel del mar. La Cordillera de los Andes influencia de manera decisiva el clima de su zona vitivinícola. El cordón montañoso, por causa de su altura, determina que las masas de aire húmedo provenientes del océano Pacífico descarguen su humedad sobre territorio chileno y en el caso que puedan superar la barrera y penetrar en nuestro país, el aire es seco y caliente, como es el caso del viento Zonda. Los frentes húmedos que se desplazan desde el océano Atlántico arriban esporádicamente hasta el piedemonte andino. Por ello, el clima de la zona vitivinícola es, en general, de carácter continental, semidesértico con estación invernal seca, templado o templado frío, con precipitaciones en el período estival, que varían entre 100 y 300 mm anuales. Sin embargo, las precipitaciones invernales en la Cordillera son importantes como reserva de agua. La humedad relativa es baja, lo que sumado a la escasa precipitación, constituye una condición excepcional para la calidad y el estado sanitario de las uvas, evitando el desarrollo de enfermedades criptogámicas. Los productos vitivinícolas argentinos son prácticamente naturales y libres de residuos de pesticidas.

Las temperaturas apropiadas y una gran heliofanía durante todo el año permiten que las distintas variedades de vid cultivadas puedan completar perfectamente su ciclo vegetativo, alcanzando sus frutos madurez industrial y niveles de calidad óptimos.

Dado que la vid es una especie criófila, las temperaturas invernales bajo cero resultan muy convenientes para su reposo vegetativo.

Las escasas precipitaciones obligan necesariamente a una agricultura bajo regadío.

Más del 92 % de la superficie con viñedos del país se encuentra en esta Región. En ella se pueden distinguir dos subregiones: Mendoza y San Juan, con características bien diferenciadas pero ambas conforman, junto con la provincia de San Luis que se está sumando al mapa vitivinícola argentino, la Región de Cuyo

Mendoza

Es el centro vitivinícola más importante del país. Además, la vitivinicultura constituye una de las principales actividades económicas de la provincia. En la actualidad posee 159.649 ha divididas en  16.510 viñedos que representan el 71 % del total del país.

En las últimas décadas ha alcanzado un alto grado de desarrollo, puesto de manifiesto en el mejoramiento de los cepajes y en el perfeccionamiento tecnológico.

Las áreas cultivadas con viñedos se encuentran, a modo de oasis, próximas a los ríos de montaña más importantes, los que proveen el agua necesaria para la irrigación de los cultivos. Para completar las necesidades de riego, también se hace utilización de agua subterránea obtenida mediante numerosas perforaciones.

El 60% de la superficie con vid en Mendoza, tiene variedades recomendadas para elaborar vinos de calidad superior. Se puede resaltar el predominio de las variedades tintas (más del 40% de la superficie cultivada) que se destinan principalmente a la vinificación y también a la elaboración de mostos concentrados. Entre éstas merecen citarse: Malbec, Bonarda, Cabernet Sauvignon, Syrah, Merlot, Tempranillo, Sangiovese, Barbera y Pinot Negro, entre otras, con las que se elaboran vinos de alta calidad.

Las variedades rosadas de vinificar representan un porcentaje menor y entre ellas pueden mencionarse Criolla Grande, Cereza y Moscatel Rosado.

Los cepajes blancos de vinificar abarcan más del 21 % y las principales son: Chardonnay, Pedro Giménez, Sauvignon, Chenin, Torrontés Riojano, Ugni Blanc y Semillón, entre otras. En la provincia de Mendoza se distinguen las siguientes áreas: Norte, Centro, Este, Valle de Uco y Sur.

 

San Juan

La vitivinicultura se desarrolla principalmente en el Valle del Tulum y, en menor proporción, en los valles de Zonda y Ullum, ubicados entre la Cordillera de los Andes y la Sierra de Pie de Palo, a ambos lados del río San Juan, a 780m sobre el nivel del mar. También se cultiva la vid en otros valles cordilleranos más altos y en consecuencia más frescos, como Calingasta (a 1.350m sobre el nivel del mar), Jáchal (a 1.165 m sobre el nivel del mar), Pedernal (a 1.330 m sobre el nivel del mar) e Iglesia.

El valle del Tulum se extiende en el sentido norte sur, en la parte centro meridional de la provincia, con una longitud aproximada a los 100 km, y un ancho variable entre los 5 y 50 km. Ullum y Zonda son dos pequeños valles vecinos al anterior, de unos 15 km de longitud en el sentido norte- sur y un ancho variable entre 5 y 10 km, en el sentido este-oeste. La altitud sobre el nivel del mar es de 630 m.

El clima es cálido, de gran estabilidad. Las lluvias son escasas. Predominan vientos generalmente suaves y en primavera suele soplar el viento Zonda, muy seco y caliente.

Si sopla en época de floración o cuaje suele producir serios daños en los viñedos, no sólo por la elevada temperatura que puede alcanzar el aire, sino por los bajos índices de humedad que se registran simultáneamente.

El agua de irrigación es apta para uso agrícola, siendo principalmente aportada por el río San Juan y en menor proporción por el río Jáchal y también por captación de aguas subterráneas mediante perforaciones.

Tiene una superficie cultivada con vid de 47.394 ha distribuidas en 5.119 viñedos lo que representan el 21 % del total del país.

En los últimos años los productores sanjuaninos han realizado marcados progresos en el rumbo cualitativo tomado por la vitivinicultura del país, mejorando el encepado con vides de alta calidad enológica. Otro hito importante lo constituye la adopción de tecnología de punta en las bodegas, lo que les permite actualmente elaborar vinos de excelente calidad.

También se ha intensificado la diversificación de los usos de la uva, San Juan es la principal productora de uva de mesa del país, con excelentes perspectivas y competitividad en el mercado internacional.

La brisa suave predominante y las ondulaciones del terreno permiten disponer de excelentes condiciones para la desecación natural de uvas con destino a la elaboración de pasas. Es la zona más apta del país para este tipo de producción. El 28% de la superficie cultivada están destinadas a uva en fresco y pasas.

 

San Luis

Está desarrollando su vitivinicultura y ya cuenta con un poco más de 102 ha. divididas en 7 viñedos en su gran mayoría con una antigüedad de 1 a 15 años y con un gran predominio de variedades tintas (73%) como Syrah, Tannat, Merlot, Cabernet Sauvignon, Malbec, Pinot Noir. La producción se concentra en el Valle de Conlara, El clima es continental seco, con un promedio de temperatura anual de 17 grados con un régimen de lluvias bastante. El río Conlara es el principal proveedor de agua de los viñedos de San Luis. Un grupo de seis bodegas ha creado la Asociación Vitivinícola de San Luis con el objetivo de posicionar como una provincia productora de calidad y nivel competitivo y ya han conseguido medallas de oro y plata en distintos concursos de vinos.

 

Centro de Prensa e Información INV. Por Carlos Oviedo