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La causa BNA – Macri no tiene sustento

La acción penal emprendida contra la gestión de Javier González Fraga y su directorio, que también tiene al ex presidente Mauricio Macri, en relación a la performance que tuvieron la entidad financiera y Vicentín no tiene sustento legal y, por lo tanto, debería caer. Elementos probatorios desconocidos y de valor judicial en poder del juez Julián Ercolini así lo indican.

Durante el primer trimestre de 2020 y con el tono mediático elevado, el Banco Central acusó el escándalo y pidió toda la información de lo actuado al Nación, respecto del desenvolvimiento de la gestión encabezada por Javier González Fraga, so pena de altas multas.

Como respuesta, se elaboró un reporte técnico desde las Áreas de Legales, Riegos, Sumarios, Auditoría General, Banca Comercial –cuya persona hoy es Gerente General- y, el entonces Gerente General -que actualmente ocupa la Gerencia Financiera-, todos, absolutamente todos firmaron que se procedió según los parámetros y controles de normas bancarias y de lo que se desprende que no hubo comisión de ilícitos. Ese documento es de valor legal.

Esto descolocó en pleno a la dirección de Hecker al ridiculizarlo, quien procuró exhibir los sucesos como una película de malversación y estafa de la gestión anterior. Entonces, Marcelo Costa, Director y Síndico del actual mandato, tomó la instrucción de elaborar una exposición que resultó tendenciosa y falaz, para desautorizar a los cuadros de carrera de la matriz que tiene sede central frente a la Casa de Gobierno.

El plan es desbaratado por el Juzgado de Julián Ercolini y la Fiscalía de Gerardo Pollicita quienes requirieron del BNA la presentación del documento público a sabiendas de que le pretendían llevar el redactado por Costa.

Al final, el BCRA recibió otro desde el Nación, donde explicaban que se establecía un Sumario para investigar a los funcionarios. Ercolini ya tenía la evidencia de que no había delito alguno, aunque Claudio Lozano -un showman ante los medios de prensa- logró vender la foto ingresando a la Fiscalía de Gerardo Pollicita.

El supuesto pleito BNA -Vicentín, sencillamente no tiene, siquiera, llamados a indagatorias. Tampoco es desestimada porque el titular periodístico del día siguiente sería: “Sobreseen a Mauricio Macri en el juicio BNA” y, si no tiene sustento jurídico y desgasta la imagen por roce, claramente los magistrados no se van jugar por esas razones.

Lo que sucedió en Comodoro Py fue un papelón. Lozano alegó como fuente de su declaración a “Radio Pasillo”. El Fiscal no cabía en su estupor y devolvió una severa respuesta de rechazo. Sin más trámite, el directivo del banco logró salir por la puerta dando “su” titular a los medios de prensa.

Durante el tiempo que transcurren los dichos el parecer corre en muchas direcciones. Mientras tanto, se dicen muchas falsedades a mano del desconocimiento, cuando no son intencionales. La veracidad es la más lenta y rezagada para llegar al destino que corresponde.

El hecho de que el alcance de la significación que se hace tiene la limitación de no tener acceso a la razón misma, sino a lo que las noticias dicen de ellas y como influjo. En general, los que padecen una instancia de este tipo, la mayor preocupación no está en el resultado final del mismo, sino en el daño que les produce su vivencia y desarrollo, aun cuando al final pudiera serles favorable.

La propia estima, la reputación social y empresaria, pero más estrecho que nada es la sensibilidad de la relación interpersonal que toca convivir a diario.

Un procesamiento; una prisión preventiva; embargo de bienes por montos siderales; bloqueo de cuentas con todos los perjuicios comerciales que ello implica; allanamientos y otras medidas compulsivas en los domicilios propios, de familiares o allegados, en oficinas; gastos en abogados y peritos de parte, etc. son sólo algunos ejemplos de los problemas menores que puede sufrir alguien sujeto a un proceso penal, aun cuando la sentencia final fuera absolutoria.

¿Quién devuelve? Este accionar moderno, en particular argentino, se sirve de esta circunstancia atrozmente. A los ejemplos anteriores hay que agregar impunes infamias veladas de parte de funcionarios gubernamentales, con el arrastre social que conlleva a los perjudicados.

De esto se trata, también, la “judicialización de la política” que esa clase dice aborrecer, pero que todos utilizan a su conveniencia. Las causas que giran alrededor de Vicentín son prototípicas de esta descripción; más allá de si efectivamente existen reproches de alguna naturaleza.

El tránsito de estos procedimientos se sufre en carne propia y cuyas circunstancias hacen a “el mientras tanto” de las secuencias ante la Justicia, y que son mucho más preocupantes y perjudiciales que la resolución final. Ni qué decir si es benigna al encausado.

Soportarlo impone una importante dosis de fortaleza, capacidad, paciencia y disponibilidad de tiempo para saber transmitir de qué va la historia que los ocupa. Todo ello por dentro, mientras tanto, el huracán colérico arrecia afuera. El azufre de la política siempre tiene un papel protagónico.

Bernardo Basombrío

Periodista y escritor. Autor del libro ¡Exprópiese! El caso Vicentín