EDICIONES ANTERIORESTodas las ediciones anteriores en su versión electrónica

Panorama económico cortoplacista

Con el significativo riesgo de una segunda ola de la pandemia en el horizonte, el Gobierno comienza a poner en “modo electoral” las principales herramientas a partir de las cuales puede influir sobre la economía. En primer lugar, en la política cambiaria se advierte un freno significativo al ritmo de depreciación del dólar oficial.

En efecto, tras un 2020 en el cual la competitividad del tipo de cambio se mantuvo estable (dic 19 vs dic 20 +0,1%) el BCRA comenzó a reducir el ritmo de depreciación del dólar desde mediados de febrero y, actualmente, crece por debajo de la inflación (2,1% acumulado en los últimos 30 días vs una inflación promedio de 3,7% mensual en los últimos 5 meses).

Así, desde fines de febrero a la actualidad el tipo de cambio real se redujo 3,5 %, marcando un cambio de estrategia posibilitado fundamentalmente por dos ingresos de dólares “inesperados”. Por un lado, el incremento de los precios internacionales, pese a la sequía, está generando un ingreso de divisas extra al país.

Más en detalle, el sector agroindustrial liquidó desde principios de año u$s 6.724 M, ampliamente por encima del promedio histórico para el periodo u$s 3.700 M. Adicionalmente, el FMI repartirá fondos a todos sus países miembros en el marco de la crisis desatada por el COVID-19 de los cuales a Argentina en particular, le corresponderían u$s 4300 M. Mirando la política fiscal, en el primer bimestre del año, se observa una expansión importante de dos componentes del gasto público: las obras de infraestructura (170 % interanual) y los subsidios a las tarifas (85 % interanual). En el segundo caso, el aumento se encuentra directamente vinculado a la decisión de no trasladar al consumidor los incrementos de costos que necesariamente se producen en un entorno inflacionario. Vale decir que la idea original del Gobierno, plasmada en el presupuesto y que hoy parece abandonada, era que los subsidios no crezcan en términos del producto bruto.

En cuanto a las condiciones monetarias, si bien el BCRA no relajó las tasa de interés, tampoco las endureció, como típicamente hacen los bancos centrales del mundo, pese a los malos resultados en materia inflacionaria de los últimos meses. Dado que la tasa de interés de política monetaria se mantiene fija en 38 % anual desde noviembre, la aceleración de la inflación implicó que las tasas del sistema se fueran volviendo más negativas con el correr de los meses lo que abarata el costo de financiamiento, pero puede tener consecuencias macroeconómicas negativas. Por un lado, tanto el BCRA como el tesoro tienen pasivos monetarios que administrar y renovar, tarea que puede tornarse más difícil en un entorno de tasas bajas. Además, se puede incentivar la compra de los distintos dólares paralelos al ser los retornos en pesos poco atractivos. En ese sentido, se debe tener en cuenta que el BCRA hoy se encuentra interviniendo en las cotizaciones paralelas del dólar, en montos que serían significativos, aunque, dadas las limitaciones de las estadísticas públicas, no pueden conocerse con exactitud al agruparse bajo el concepto “Otros”. Desde principio de año, el concepto “Otros” es uno de los principales factores que explica que, a pesar de que el BCRA compró u$s 2.421 M a los exportadores las reservas aumentaron solo u$s 322 M.

En suma, hoy la política del Gobierno parece estar orientada a lograr estimular la economía a corto plazo. El interrogante más inmediato es si las condiciones sanitarias se lo permiten. Incluso si lo hicieran, el bajo nivel de reservas y los compromisos con el FMI que será necesario refinanciar el año próximo hacen difícil pensar que la trayectoria actual sea sostenible a mediano plazo.