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Vivencia vitivinícola frente a la pandemia

Entre Sudamérica y Francia, situados en diferentes hemisferios, en el caso del Sur la pandemia llegó en plena cosecha. Los detalles de las vivencias se cuentan en similitudes y diferencias.

El 14 de marzo, el gobierno francés anunció el cierre inmediato de todos los bares, cafeterías y restaurantes. La viticultura junto con el resto del sector agrícola fue considerada como esencial, por lo que no hay restricciones para cosechar las vides, sin embargo el trabajo se mantiene bajo los protocolos y medidas de seguridad pertinentes.

Respecto a las ventas la situación es irregular. Algunos establecimientos se han mantenido abiertos para vender directamente al público, ya que aún se permiten bajo la cuarentena, pero otros directamente han cerrado.

Es posible realizar pedidos en línea o por teléfono a algunos productores u organizaciones que ofrecen entrega local gratuita a ciudades cercanas en días específicos de la semana.

Varias ferias locales de vinos de consumo se han cerrado, siendo estos espacios para que los productores muestren sus vinos de la última cosecha y para vender directamente al público.

La mayoría de los enólogos trabajan de forma remota y hay mucho desempleo parcial, por ejemplo hay empleados que reciben el 70 % de su salario. Los pedidos por parte de los restaurantes y tiendas se han cancelado ya que se ordenó el cierre total o parcial de este sector. Además, todos los pedidos de exportación y envíos planificados han sido pospuestos.

Para ayudar a aliviar las tensiones financieras, el gobierno ha autorizado a los bancos a otorgar préstamos en efectivo de hasta el 25 % de la facturación, con garantías gubernamentales de hasta el 90 % del monto del préstamo.

En una muestra de solidaridad, la industria vitivinícola francesa lleva a cabo una campaña en redes sociales #LeVigneContinue como su letmotiv y emblema de lucha.

En Sudamérica, la pandemia llegó en un momento inoportuno para esta región, donde Chile y Argentina tienen vendimias bastante largas, que van desde finales de enero hasta principios de mayo aproximadamente, y la crisis mundial se desató a solo un mes de haberse iniciado la cosecha.

El 20 de marzo, Argentina declaró un periodo de cuarenta total, con bloqueos de carreteras y una fuerte presencia policial. Entre las actividades exceptuadas está la industria del vino y los trabajadores involucrados en la cosecha. Si bien los enólogos han podido llegar a sus bodegas, aquellos que trabajan en múltiples regiones han tenido que elegir un solo lugar.

Mientras los enólogos se enfrentan a las dificultades de manejar esta cosecha con menos trabajadores y restricciones de viaje, las bodegas están desoladas, en un período que normalmente por turismo es la más concurrida del año. Las áreas de turismo cerraron por completo antes del cierre impuesto por el gobierno, ya que los turistas dejaron de llegar y los vuelos fueron cancelados dentro y fuera de Argentina desde principios de marzo. Algunas bodegas intentaron continuar su actividad focalizándose con los deliveries de vino, pero eso no fue posible con la cuarentena.