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El agro en la Patagonia

La Chacra Valle Irrigado del Norte Patagónico (VINPA) está formada por productores de Aapresid decididos a desarrollar sistemas agrícolas bajo riego en los valles del Río Negro, muy alejados de los ambientes productivos típicos de nuestro país. La falta de precipitaciones y la alta demanda ambiental que implica grandes pérdidas por evapotranspiración hacen del riego una herramienta indispensable. Los suelos tienen escaso desarrollo y tenor de materia orgánica.

Pero las temperaturas medias y una oferta de radiación que supera la de las zonas más productivas del país, crean condiciones agroecológicas excepcionales para el desarrollo de los cultivos.

Una zona diferente donde los datos agroclimáticos del valle patagónico muestran una temperatura media anual de 14,6°C y, el período libre de heladas es de 169 días, aunque las precipitaciones llegan a los 386 mm al año, con picos interanuales que van de los 125 a los 758 mm. La demanda ambiental, entendida como evapotranspiración llega hasta 1600 mm/año esto es un más 25 % que en Pergamino, Buenos Aires.

El grupo apunta a ajustar el manejo para que alcancen su máximo potencial en estos ambientes. En una primera etapa se ajustó el riego – en este caso total -, para hoy avanzar sobre variables como genética, densidad y fertilización.

“Cuando logramos ajustar el requerimiento de agua y nutrientes, el maíz es capaz de captar la elevada oferta de radiación y transformarla en grano, expresando su potencial aún a bajas densidades”, explica la Ing. Agr. Magalí Gutiérrez, que gerencia el proyecto.

Ensayos con densidades de 50.000 plantas/ha expresaron hasta 9 espigas de alta productividad en un metro lineal, es decir, 3 espigas por planta

Los lotes de producción se manejan hoy con densidades de 90.000-100.000 semillas/Ha.

Cuando siembran sobre antecesor Vicia villosa entre el 15 y el 25 de octubre, ajustando el N disponible a 300 kg/ha (N-suelo + fertilizante) y riego sin déficit. “Aquí los rendimientos probablemente estén por arriba de las 14 toneladas/ha. Pero los picos que vemos en algunos puntos indican que podemos aspirar a potenciales de 18 tn/ha”, advierte Gutiérrez.

En soja los resultados todavía se hacen esperar. Aun ajustando riego, nutrición y arreglo espacial, no han logrado superar los 4000-4500 kg/ha.

Para el equipo técnico de la Charca, este techo está impuesto por la falta de genética adaptada. Por eso trabajan junto con EEA INTA Valle inferior en ensayos con variedades experimentales no OGM traidas de EEUU, cuyos grupos de madurez (GM) van de 0.3 a 3.0. Según Mariano Donofrio de INTA: “la idea es explorar materiales más cortos que los que ofrece hoy el mercado (menores a GM III) que permitan que los estadios críticos – principalmente el llenado de granos – coincidan con ventanas de mejor oferta ambiental”.

La incorporación de leguminosas, como soja y vicia, cumple un rol clave en estos sistemas. Por un lado, permiten rotaciones más sustentables ayudando a bajar los altos volúmenes de rastrojos que dejan los cereales y que – por el clima de la zona –  son de degradación lenta. Además son fuente de nitrógeno (N), que junto a su sistema radicular favorecen el desarrollo de suelos poco evolucionados.

En el caso de la soja, su incorporación es además una oportunidad de desarrollo para el territorio, ya que produce proteína vegetal que puede ser transformada localmente para generar valor agregado.