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Ambiente y carácter productivo, trabajo en comunidad

Que hasta el presente solo haya tres municipios en el país que respetan normas de procedimiento de Buenas Prácticas Agrícola (BPA) conviviendo en paz en sus respectivas comunidades cumpliendo los protocolos y ordenanzas del caso, habla de una lentitud exasperante del compromiso de acción por parte de los productores en dar respuestas adecuadas frente al avance pseudoambientalista en el mundo y del que Argentina no está exenta. En dar respuestas y que tal vez en muchos casos se cumplen, pero no se transmite la confianza ni se comunica qué es lo que se hace a la hora de cuidar los cultivos.

Cañada Rosquín, de Santa Fe, se sumó a las ciudades cordobesas de Monte Buey y Cosquín por alcanzar la certificación de Municipio Verde, según Normas IRAM, que establece el Sistema de Gestión bajo el esquema de la AAPRESID (Asociación Argentina de Productores de Siembra Directa) y promueve la correcta aplicación de fitosanitarios en áreas periurbanas garantizando una producción sustentable para todos los involucrados en las comunidades donde viven.

Auditados por IRAM, Cañada Rosquín certificó 3600 hectáreas de control, terrestre y aéreo, incluyendo a una escuela rural en su jurisdicción.

Municipio Verde es una iniciativa de AAPRESID que certifica las prácticas sustentables en la aplicación de fitosanitarios sobre las producciones periurbanas y en áreas de población próxima, controlando la interacción de los distintos actores involucrados en la fiscalización, bajo un probado sistema de gestión de calidad.

Para María Eugenia Racciatti, vicepresidente comunal de Cañada Rosquín, participar del programa de Municipio Verde “Es llevar tranquilidad a la población y a los productores, donde los puntos de conflicto se disuelven con el conocimiento de hacer las prácticas agronómicas con los rigores del caso. A su vez, tener el compromiso de actores, instituciones y Estado –el municipio-, hace a la responsabilidad y el bien común de todos los habitantes».

Para llegar a la certificación, el municipio trabajó en mejorar los procesos que implicaban las aplicaciones del área periurbana. Al estándar con que se venía trabajando, se agregó la gestión del sistema de certificación para brindarle un marco de trazabilidad y transparencia a todos los procesos. Todo queda debidamente registrado y evidenciado: recetas agronómicas, fiscalización por parte del municipio, condiciones de aplicación, responsables de la misma según los patrones de las BPA. Un ingeniero agrónomo por parte del municipio hace los seguimientos del caso.

Cañada Rosquín exige la utilización de maquinaria debidamente habilitada. Además, controla a los operarios para que utilicen los elementos de protección correspondientes y brinda a los productores el marco general para trabajar en un sistema sustentable observando prácticas, recursos y, cuidando personas y ambiente.

«La comunicación y la voluntad política son los ejes que nos permitieron acordar la normativa y práctica superadora. Creo que puede realizarlo cualquier localidad, la base fundamental es estar convencidos del camino. Cada municipio es un mundo, por ello se deben valuar el territorio y validar las acciones, un detalle no menor para garantizar el éxito», afirma Racciatti.

El resultado es inmenso: en Cañada Rosquín viven tranquilos, despreocupados de amenazas basadas en falsos postulados ambientales o, eccoterroristas.