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Editorial

La desvergüenza con que miente o la defensa –por elevación al ignorar los hechos de su gestión- y, la práctica de las acciones de campaña política de Cristina Fernández exceden el asombro al punto que dan pena a la tristeza. La simulación, el engaño o la apariencia con que se intenta hacer que algo parezca distinto de lo que fue no tiene cabida en la política agropecuaria de la ex presidente, con el deliberado mal que le hizo al campo. Es muy claro que finge.

Días atrás la ex presidente visitó un tambo en Lincoln. La Sociedad Rural de San Pedro, la de Chacabuco, General Pinto y Carbap entre otras entidades rechazaron la utilización política del sector tambero a través de comunicados. No es menor el rol que tuvo el impacto de esa gestión en la dificilísimo presente que tiene la láctea SanCor, y el prejuicio de las retenciones lácteas y el férreo y perjudicial control sobre el mercado.

Más allá de esos hechos, no es menor el triste papel que desempeñó Aníbal Fernández, presidente de la Rural de Lincoln al recibirla junto a Ider Peretti y el ex intendente de Lincoln, Jorge Abel Fernández –cuyo sobrino es el dueño del tambo bajo el nombre de El apeadero linqueño, y que aparece en el spot de campaña. Por otra parte, el presidente de la Rural de Lincoln lleva casi 20 años al frente de esa institución, y la administración no se renueva a pesar de la excelente masa crítica de capital intelectual de productores que cuenta esa ciudad. Es quizás, éste el mayor pecado de todos por no mostrar una actitud evolucionada y de renovación acorde con las necesidades que muchas rurales se empezaron a ajustar en sentido virtuoso y democrático desde el año 2008.

Al margen, hoy, la actividad lechera tiene un precio de referencia elaborado con la información de 9760 tambos y 330 industrias, cerca del 90 % del total de actores. Mucho mejor de donde estaba y en buen camino.